¿Te resulta fácil o difícil ofrecer, pedir, recibir y aceptar una opinión constructiva?
En mi experiencia, a la mayoría de las personas les cuesta dar feedback constructivo porque temen herir los sentimientos del otro. Y, muchas veces, incluso cuando se hace con buena intención, la otra persona se siente atacada. También influye, por supuesto, la forma en que se comunica ese mensaje. No es lo mismo una observación orientada a mejorar un comportamiento que un comentario negativo dirigido a la persona.
Para poder ofrecer, pedir, recibir y aceptar feedback, primero hay que comprender sus beneficios y trabajar una cultura personal de retroalimentación. Eso implica aprender a escuchar sin ponerse a la defensiva y entender que una observación sincera puede ser una herramienta de crecimiento, no una amenaza.
Estoy trabajando en mi segundo libro para niños y niñas de entre 3 y 7 años de la serie “Fetita Atitudine”. Después de una jornada de trabajo en la que pasé 6 horas casi sin levantarme de la mesa, sentí que había terminado el texto y envié lo que tenía a varias personas para recibir feedback. Estoy convencida de que puedo evolucionar, crecer y mejorar cuando pido, recibo y acepto una opinión constructiva, no cuando escucho solo lo que los demás creen que me gustaría oír.
El primer feedback que realmente valoro es el de mi esposo. Es una de las pocas personas que sé que me dice la verdad, por más que a veces yo misma pueda pensar que eso me dolerá. Sus observaciones me ayudaron a introducir más humor y más aventura en la manera de transmitir el mensaje del libro, que para mí es esencial. Al mismo tiempo, ese feedback me recordó que no solo importa el contenido, sino también cómo se presenta para los niños y para los padres. Hoy me siento todavía más satisfecha con la forma que está tomando el libro.
Hace algunos años, cuando le pedía feedback, no sabía recibirlo bien y mi primera reacción solía ser enfadarme o cerrarme. Lo bueno es que fui tomándolo conciencia y le pedí que no se detuviera en esa primera reacción mía, porque al analizar después con calma casi siempre me daba cuenta de que sus recomendaciones me estaban ayudando. Entendí que para mí era mucho más valioso recibir una opinión sincera y constructiva que limitarme a escuchar elogios.
También aprendí a trabajar mis reacciones. Porque por mucho que una persona esté dispuesta a ofrecerte feedback, si tu respuesta inicial es siempre la justificación o la defensa, consciente o inconscientemente le estás quitando ganas de volver a hacerlo. Y eso, a la larga, debilita la confianza necesaria para que esa comunicación siga existiendo.
Cuando alguien te ofrece un feedback constructivo, lo hace porque le importas y quiere acompañarte en tu proceso de crecimiento y desarrollo. Esa persona invierte tiempo, atención y energía en ayudarte. Por eso me siento agradecida con todos los que me aportan observaciones útiles y honestas, porque contribuyen a que sea una mejor persona y una mejor profesional.
Por qué cuesta tanto recibir feedback
Recibir una opinión constructiva no siempre es cómodo. A menudo, el problema no está en el contenido del mensaje, sino en el impacto emocional que produce. Escuchar que algo puede hacerse mejor puede activar inseguridad, orgullo herido o miedo a no estar a la altura. Sin embargo, esa incomodidad no significa necesariamente que el feedback sea injusto; muchas veces solo indica que estamos tocando un punto sensible.
También influye la experiencia previa. Si en otras ocasiones un comentario se ha expresado con dureza o se ha confundido con un ataque personal, es normal que aparezca una resistencia automática. Por eso resulta tan importante diferenciar entre una observación sobre una conducta y una descalificación de la persona. El primero ayuda a mejorar; el segundo solo provoca distancia.
Cómo preparar una cultura personal de feedback
Construir una cultura de feedback empieza por cambiar la forma en que interpretamos las observaciones. No hace falta estar de acuerdo con todo lo que se nos dice, pero sí conviene escuchar con apertura antes de responder. A veces, una persona externa ve con más claridad algo que nosotros no estamos percibiendo porque estamos demasiado involucrados en el proceso.
También ayuda pedir feedback de forma concreta. Cuanto más claro sea lo que queremos revisar, más útil será la respuesta que recibamos. Y, al mismo tiempo, si somos quienes damos la opinión, debemos intentar ser específicos, respetuosos y centrarnos en lo que puede mejorarse. Un comentario preciso suele ser mucho más valioso que una crítica vaga.
Qué cambia cuando aceptamos una opinión constructiva
Aceptar feedback no nos hace más débiles; al contrario, demuestra madurez. Significa que tenemos suficiente seguridad para reconocer que siempre podemos mejorar. Esa actitud abre la puerta a relaciones más honestas, a un trabajo más sólido y a decisiones más conscientes.
En el ámbito personal, aceptar una observación con serenidad puede evitar malentendidos y fortalecer vínculos. En el entorno profesional, en cambio, puede marcar la diferencia entre repetir un error o convertirlo en una oportunidad de aprendizaje. En ambos casos, el beneficio es el mismo: avanzar con más claridad y menos resistencia.
Por eso, cuando alguien se toma el tiempo de darte una opinión honesta, merece ser escuchado con gratitud. No siempre será fácil, pero casi siempre habrá algo útil detrás de esas palabras. Y cuando aprendemos a recibirlas sin cerrar la puerta de inmediato, ganamos una herramienta poderosa para crecer con más conciencia y humanidad.
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